Beber aceite, masticar granos de arroz, tomar chicles, ingerir clara de huevo. Son algunos «trucos populares» con más o menos predicamento, que según la creencia popular ayudan a no dar positivo en un control de alcoholemia.

Se trata de una creencia absolutamente falsa, como ha vuelto a insistir la Guardia Civil en un mensaje a través de su cuenta en la red social Twitter.

«Estos trucos y otros similares no alteran el resultado de un alcoholímetro, y si los mezclas te pueden provocar , un dolor de estómago colosal. Lo mejor 0,0», asegura la Benemérita.

Según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), 12 de cada 100 conductores se ponen al volante de sus coches después de consumir alcohol u otras drogas ilegales y, en un 50% de los accidentes mortales el alcohol está presente.

Existe una falsa creencia según la cual, según el doctor Augusto Zafra, director de la clínica de desintoxicación IVANE del Hospital Nisa-Vithas Aguas Vivas, «ingerir una pequeña dosis de alcohol no influye a la hora de ponerse delante del volante pero lo cierto es que desde que se produce el consumo de la primera copa, el alcohol influye en las capacidades para conducir sin que seamos conscientes, reduciendo los reflejos y la concentración».

Altera las capacidades

El alcohol altera las capacidades a la hora de realizar una conducción segura, produciendo repercusiones en diferentes áreas cognitivas y conductuales de la persona. Algunas de las alteraciones que aparecen después de haber consumido alcohol, según Zafra, son alteraciones en la percepción, en la atención, en los reflejos mentales o alteraciones motoras.

En las alteraciones del comportamiento, aparece la dificultad en la toma de decisiones y la falsa seguridad en uno mismo y, por consiguiente, se asumen mayores riesgos en la carretera, aumentando las conductas impulsivas y disminuyendo de esta forma el sentido de la responsabilidad al volante, argumenta el psiquiatra de IVANE.

Según Zafra, los movimientos oculares son más lentos, teniendo dificultades para calcular la velocidad y se produce una reducción del campo visual y fatiga ocular. Además, aparecen dificultades a la hora de atender a dos fuentes a la vez y mantener el nivel de atención resulta complicado. Cuando una persona bebe también se muestra dificultad a la hora de coordinar diferentes movimientos, disminuye la precisión y se producen alteraciones en el equilibrio. Y el tiempo de reacción aumenta ante la toma de decisiones, indica el especialista.

abc.es

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